El TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) es una forma distinta de regular la atención, el movimiento y los impulsos. No es falta de esfuerzo, ni de educación, ni de límites en casa. Aquí tienes lo que las familias suelen observar, lo que no significa nada por sí solo, y qué pasos tienen sentido si algo te preocupa.
Puede perder el hilo a mitad de una frase y, a la vez, pasar dos horas absorto en algo que le interesa. Esa diferencia tan grande desconcierta mucho a las familias, y es de lo más habitual.
Las tareas de varios pasos —vestirse, recoger, un ejercicio largo— se quedan a medias. No por pereza: el plan se le cae por el camino.
Contesta antes de que termines la pregunta, interrumpe, se cuela en el turno. Le sale antes de poder frenarlo.
Se levanta, se balancea, mueve las piernas debajo de la mesa. En algunos peques no se ve por fuera: es una inquietud interna, de ir acelerado por dentro.
Tarda muchísimo más de lo que le correspondería por lo que sabe, y la distancia entre lo que entiende y lo que entrega en clase es grande.
Ninguna de estas señales, por sí sola, significa nada. Casi todos los peques encajan en alguna en algún momento. Lo que importa es cuántas aparecen, desde cuándo, en cuántos sitios ocurren y cuánto le están costando a tu hijo o hija en el día a día.
Tareas breves y jugables que miden atención, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y razonamiento. Salen del ordenador con números, no con impresiones.
Los resultados en un PDF ordenado y fechado. No dice qué tiene tu hijo o hija: dice qué se ha medido y qué ha salido, que es justo lo que un profesional agradece recibir.
Juegos cortos de atención, memoria y funciones ejecutivas, y descansos activos para cuando ya no puede más.
No. Ni el nuestro ni ninguno. Un diagnóstico de TDAH lo hace un profesional sanitario reuniendo información de casa, del colegio, de la historia del peque y de una exploración presencial. Lo que sí puede darte una prueba online es una foto ordenada de cómo rinde en atención, control de impulsos y memoria de trabajo, para llegar a esa consulta con algo más que impresiones.
Las señales suelen estar desde pequeños, pero se hacen evidentes cuando suben las exigencias: primaria, cambios de curso, más deberes y menos supervisión. Que aparezca «de golpe» a los nueve años casi siempre significa que antes el entorno lo estaba compensando.
La diferencia no está en la intensidad, está en el impacto. Un peque movido se adapta cuando la situación lo pide. Si las dificultades aparecen en más de un sitio (casa y colegio), duran meses y le están costando amigos, notas o autoestima, merece la pena consultarlo.
Lo más útil son ejemplos concretos y fechados, los informes del colegio y cualquier medición objetiva que tengas. Nuestro informe está pensado para eso: no diagnostica, ordena.
Las pruebas se empiezan gratis y llevan unos minutos. Al terminar tienes un resumen que puedes guardar o llevar a quien corresponda.
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