El TEA (trastorno del espectro del autismo) es una forma distinta de procesar la información social y sensorial. «Espectro» significa justo lo que parece: no hay dos personas autistas iguales, y muchas necesitan poco apoyo en unas cosas y mucho en otras. Aquí tienes lo que las familias suelen observar y a quién acudir si algo te preocupa.
Puede tener un vocabulario enorme y a la vez costarle una conversación de ida y vuelta, o responder con frases hechas y con trozos de películas que se sabe de memoria.
Mira poco a la cara, o mira de forma muy fija e intensa. Señalar, saludar o compartir con la mirada algo que le gusta puede no aparecer, o aparecer tarde.
Un tema que domina con un nivel de detalle asombroso y del que habla durante horas. No es un problema a corregir: es una fortaleza que conviene conocer y usar.
Un plan que cambia, una ruta distinta, una comida diferente. La rutina no es un capricho: es lo que hace que el mundo sea previsible.
Ruidos, etiquetas de la ropa, luces, texturas de la comida. Otros peques buscan justo lo contrario: presión, movimiento y sonido para regularse.
Ninguna de estas señales, por sí sola, significa nada. Casi todos los peques encajan en alguna en algún momento. Lo que importa es cuántas aparecen, desde cuándo, en cuántos sitios ocurren y cuánto le están costando a tu hijo o hija en el día a día.
Tareas breves y jugables que miden atención, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y razonamiento. Salen del ordenador con números, no con impresiones.
Los resultados en un PDF ordenado y fechado. No dice qué tiene tu hijo o hija: dice qué se ha medido y qué ha salido, que es justo lo que un profesional agradece recibir.
Juegos cortos de atención, memoria y funciones ejecutivas, y descansos activos para cuando ya no puede más.
No. El diagnóstico de TEA es clínico: requiere observación directa del peque por profesionales con formación específica, además de entrevista con la familia. Ninguna prueba por pantalla sustituye eso. Lo que sí puedes hacer aquí es ordenar lo que observas y medir algunos aspectos cognitivos concretos para llevarlo a esa valoración.
Sí. Un lenguaje rico no descarta nada; lo que se mira es el uso social del lenguaje: los turnos, los dobles sentidos, ajustar lo que se dice a quien escucha. Muchas valoraciones llegan tarde justo por esto.
En niñas se detecta de media bastante más tarde, porque muchas imitan lo social de forma consciente y camuflan las dificultades, a costa de un agotamiento enorme al llegar a casa. Si sospechas, no lo descartes porque «socialmente parece que va bien».
El primer paso suele ser pediatría o el equipo de orientación del colegio, que derivan a salud mental infantojuvenil o a neuropediatría según la comunidad. Llevar por escrito ejemplos concretos acelera mucho ese camino.
Las pruebas se empiezan gratis y llevan unos minutos. Al terminar tienes un resumen que puedes guardar o llevar a quien corresponda.
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